Rob Corcoran es el director nacional de Iniciativas de Cambio-EEUU. Su libro, "Trustbuilding: an honest conversation on race, reconciliation, and responsibility" (Fomento de la confianza: una conversación honesta sobre raza, reconciliación y responsabilidad), será publicado por la editorial University of Virginia Press en el 2010.
Los líderes políticos nacionales subestiman la capacidad de los norteamericanos de tomar decisiones desinteresadas. La actual prostitución de los instintos básicos de miedo y resentimiento, sobre temas como los servicios de salud o el cambio climático, afecta injustamente los sentidos de generosidad y bondad de este país.
Desde el punto de vista de alguien que está a pocos años de cumplir los requisitos para disfrutar del seguro médico del estado, me siento consternado por los descarados llamados al egoísmo de los congresistas (cuyos cuidados médicos están asegurados) a los senadores, la mayoría de los cuales tienen excelentes planes de salud.
Aún así, los periódicos rebosan de historias de gente, en todos los sectores, que van más allá de sus obligaciones para cuidar "del otro". Los musulmanes se unieron con los cristianos en estas fiestas de fin de año, para servirles alimentos a personas desamparadas en mi ciudad natal, Richmond, Virginia. Una iglesia afroamericana en Oakland, California, invitó a inmigrantes hispanos a compartir sus experiencias para que muchos negros superen la resistencia que sienten ante la defensa de los derechos de los inmigrantes, especialmente cuando son ilegales, ya que son vistos como competencia desleal por las plazas de trabajo. Los feligreses firmaron cartas para los congresistas apoyando cambios a las leyes migratorias, citando un verso del Deuteronomio: "Por lo tanto, amen al extranjero, ya que ustedes fueron extranjeros una vez en la tierra de Egipto."
Como reportó el New York Times, un analista de mercados que trabajó con un grupo de adolescente dijo que ellos "comprendían que este era un tiempo de sacrificios para todos." Este año exigieron menos en cuanto a regalos; se solidarizaron con los esfuerzos de sus padres y están desarrollando "una nueva visión sobre el ahorro y el valor." Más que ninguna otra, es posible ver a esta generación involucrada en voluntariados, como mi hijo que trabaja como tutor para niños de quinto año una vez por semana. La cantidad de jóvenes que participa en los Cuerpos de Paz y en Teach for America está en el punto más alto que se haya visto, y las solicitudes para formar parte de AmeriCorps se han triplicado este año.
Muchos americanos de todas las edades van mucho más adelantados que sus líderes popularmente elegidos, en cuanto a su disposición para servir. Hay potencial para un movimiento civil que pueda crear una nueva cultura de interés por los demás.
En su magistral relato de la lucha para liberar a los esclavos del Imperio Británico, Adam Hochshild escribe que por primera vez en la historia "una gran cantidad de personas se sintieron indignadas por la violación de los derechos de alguien más, y siguieron sintiéndose así durante muchos años." Miles de ingleses comunes se movilizaron en contra de arraigados intereses creados. Fue un verdadero movimiento popular. En algunas ocasiones, los ingleses de clase trabajadora incluso parecían estarse organizando contra sus propios intereses. Los trabajadores metalúrgicos de Sheffield, cuyos cuchillos y tijeras fueron intercambiados por esclavos africanos, presentaron una solicitud en el Parlamento en contra del comercio de esclavos. Ponerle fin a la esclavitud les costó a los ingleses 1.8 % de sus ingresos nacionales anuales a lo largo de más de un siglo.
Ahora en los Estados Unidos nos hemos distanciado emocionalmente, y hemos plantado barreras físicas entre aquellos de clases socioeconómicas diferentes. Es verdad, el record de filantropía de este país no tiene comparación, pero muchos de nosotros podemos pasar nuestras vidas completamente ajenos a la realidad diaria de millones. Barbara Ehrenreich nos recuerda que los trabajadores pobres son los verdaderos filántropos de la nación: ellos hacen posible que el resto de nosotros viva cómodamente. Hochschild dice que la campaña inglesa en contra de la esclavitud triunfó porque sus líderes "dominaron uno de los retos con el que aún se enfrenta cualquiera a quien le importe la justicia social y económica: establecer conexiones entre lo cercano y lo lejano."
¿Qué pasaría si los norteamericanos en todas partes exigieran – y estuvieran dispuestos a hacer una inversión en – educación de alta calidad, no sólo para sus hijos, sino para todos los niños? ¿Y si suponemos que les decimos a nuestros líderes políticos: "¿Estamos preparados para pagar un impuesto de 10 centavos a la gasolina para ayudar a financiar reparaciones vitales a la infraestructura para apoyar tecnologías verdes?"
En una columna reciente, Thomas Friedman citó al teórico político Michael Sandel: "… no puedes inspirar a un sacrificio compartido sin un estilo narrativo que apele al bien común – un estilo narrativo que nos rete a nosotros los ciudadanos a una iniciativa común, no solamente consumidores en busca del mejor trato para nosotros mismos." El senador Bill Bradley lo planteó de esta manera en un discurso ante el National Press Club en 1995: "El lenguaje de comunidad se basa en recibir regalos inmerecidos. Lo que esta nación necesita promover es el espíritu de dar algo libremente, sin medida precisa, y sin pedir nada a cambio."
¿Será que el año 2010 veremos el inicio de una nueva revolución norteamericana en contra del egoísmo? ¿Tendrán los líderes – tanto republicanos como demócratas – el valor de pedirnos esta revolución? Y si no, ¿nos la exigiremos nosotros mismos?
NOTA: Individuos de varias culturas, nacionalidades, religiones y credos, están activamente involucrados con Iniciativas de Cambio. Estos editoriales representan los puntos de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio como movimiento.